¿Alguna vez has prestado un libro con el temor a que no te lo devuelvan? Seguro que sí. Es un miedo que todos hemos sentido alguna vez. Ya desde la Edad Media esto era así, usándose sellos específicos como el exlibris ante la creciente preocupación de que los ejemplares se perdieran. Pero ¿sabes cómo surgieron? ¿Conoces toda su historia? A continuación, te contamos todos los detalles.

El significado de ex-libris

En primer lugar, queremos aclararte qué significa ex-libris. Es una locución latina que significa “de entre los libros”, siendo una marca o estampado que consiste en otorgar una propiedad gracias al sello que queda insertado en la cubierta o en el reverso de los libros. Normalmente, este estampado se realiza en la primera hoja en blanco o en la cubierta. Se estampa el nombre del dueño con los detalles que se deseen (números de teléfono, logotipo de empresa, marca de biblioteca o dirección, entre otros) para marcar posesión. El objetivo es claro: no perder el libro y demostrar de manera rápida y visible de quién es.
Asimismo, en el estampado suele aparecer alguna expresión como ex libris, ex bibliotecha o, por ejemplo, “soy de X”. No obstante, sus usos han ido evolucionando, adaptándose a diferentes demandas como intereses, aficiones de una persona o lo que se desee mostrar en el sello. Una meteórica evolución que ha continuado sin pausa hasta nuestros días.
Puede venir acompañado de una imagen
Además de toda la información que nos aporta sobre la pertenencia del libro, es habitual que todos los datos vengan acompañados de una imagen que defina a la persona o empresa que lo estampa. En el medievo, estas imágenes eran símbolos, escudos heráldicos o contenido erótico; en la actualidad, con la universalización de este sello, el grabado puede hacer referencia a la actividad del dueño del ejemplar, sobre todo de bibliotecas o librerías.
Su origen se remonta al siglo XV a.C
Tenemos que echar la mirada muy atrás para conocer los primeros orígenes de este sello. Nada más y nada menos que al XV a.C cuando el faraón Amenofis III, en Egipto, marcó papiros de su propiedad para que quedaran protegidos ante robos. Con una placa fabricada de esmalte de barro cocido, actualmente en el British Museum de Londres, se da el pistoletazo de salida a la historia del exlibris.
No obstante, es entre los años 756 y 768 bajo el reinado del rey asturiano Fruela I cuando se tiene constancia de los primeros usos en España. Durante la Edad Media, además, se grabaron algunos códices de elevado valor en diferentes partes del mundo.

Eso sí, hay que irse hasta el año 1480, en Alemania, cuando aparece en Alemania el primer sello exlibris en uno de los 450 volúmenes que pertenecían al monasterio cartujo de Buxheim. Se da por hecho que este sello, de Hilprand Branndeburg de Biberach, un monje del país germano, fue posible gracias a la irrupción de la imprenta y a las primeras técnicas de grabado. En el mismo país, pero en 1529, el artista alemán Albrecht Dürer parece ser la primera persona que encargó el primer ex-libris en plancha.
Desde que este monje cartujo y artista los usaran, podemos certificar una gran explosión de este sello en el Viejo Continente. En Francia, el ejemplar con mayor antigüedad data del año 1529, mientras que en Holanda aparecía en el 1597 y, en Italia, algo más tarde, en el 1622. En América fue en Estados Unidos, en Massachussetts, donde se localizó por primera vez en un taller de impresión una etiqueta impresa en color blanco.
Pero su uso no se empezó a popularizar hacia finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Fue apoyado por el movimiento Modernismo y el fervor coleccionista y bibliófilo de aquella época, donde también resultaría un movimiento relevante en España.
El siglo XIX fue determinante en el desarrollo de los exlibris
A finales del siglo XIX, el uso de estos sellos se popularizó de manera muy rápida. El fervor coleccionista y bibliófilo de la época, pero también el modernismo y el auge de la clase media hizo que se extendieran los usos más allá de los sectores más exclusivos y prestigiosos: los coleccionistas y particulares se sumaron a los académicos, intelectuales y a la nobleza, que eran los únicos que podían permitirse tener libros en ese momento (estaban considerados como bienes de lujo).
Atrás quedaron los estampados con contenidos heráldicos para abrir paso a creaciones de símbolos, lemas o alegorías, que coincidían con los movimientos como el neoclasicismo o el orientalismo. La clase media demandaba, entonces, diseños que, en la actualidad, nos sirven como fuente de información histórica tanto a niveles artístico, social y literario.
Los exlibris en la actualidad

Así, lejos quedan aquellos exlibris con escudos heráldicos que eran sinónimo de prestigio y propiedad; ahora, además de identificar al dueño de un libro, pueden hacerse para retrasos personales gracias a imágenes que forman parte de grabados. Por si fuera poco, en la actualidad incluso pueden ser objeto de coleccionismo, estando al alcance de todo tipo de lectores y con empresas, como Araprinter, que permiten un diseño propio al detalle.
Hoy en día, los exlibris son empleados no solo en los libros, también en cualquier objeto para demostrar quién es el propietario (como discos o cartas). Es más, existen concursos en todas las partes del mundo entre coleccionistas, quienes favorecen y promueven su uso, además de generar pasión por este tipo de sello que nos ha acompañado durante tantos años.
Existe la Federación Internacional de los Amigos de los ex libris. Se trata de un grupo de personas que tratan de definir de manera clara y estricta que es un ex-libris. Esto lo consiguen a través de fijar unos mínimos y que cumplan unas ciertas características como son los tamaños, técnicas o los aspectos estéticos.
La historia de los exlibris es apasionante. Aunque sus usos se remontan especialmente a la Edad Media, no fue hasta el siglo XIX cuando se extienden de manera generalizada en la población. ¡Y siguen usándose en la actualidad!